viernes, 9 de febrero de 2007

imagina que...


Imagina que te llamas Awa, Aissatou, Maimouna, Coumba...y eres una de muchísimas mujeres de Joal-Fadiouth...



...No hay trabajo, nada de nada. Estás casada. Tu marido no tiene trabajo, tu hermano soltero vive con vosotros, y tampoco tiene trabajo.


Tienes dos hijas y un bebé de seis meses. La mayor va al colegio, la pequeña aún no; te ayuda a cuidar del bebé cuando no puedes tenerlo atado a la espalda.

A lo mejor, el año que viene apuntas a la pequeña a la guardería, porque dicen que es una buena preparación para el colegio. Y tú quieres que a las niñas les vaya bien en el cole. De pequeña no estudiaste, y aunque ahora vas a clases de alfabetización, te cuesta mucho trabajo. Lo que te preocupa un poco, es que si la pequeña empieza la guardería, ya no podrá ayudarte con el bebé, y cómo te vas a arreglar para hacer los trabajos de la casa...?

Es difícil cuidar de tres criaturas, vestirlas, alimentarlas, educarlas, sobre todo cuando falta el dinero y además te encargas prácticamente sola de ello. Menos mal que la red de vecinas, madres y hermanas funciona y ayuda...

Pero los hijos, son una bendición. Nunca hiciste nada para evitar el embarazo, aunque algo te explicaron en el Centro de Salud, después del tercer parto. No estabas muy convencida. Además crees que a tu marido no le gustará la idea, y eso sería como animarle a tomar una segunda esposa.


Por la mañana te levantas pronto, vas a buscar un bidón de agua al grifo público, y mandas a la nena a comprar pan y las bolsitas de café, azúcar, y leche en polvo para el desayuno de ese día, mientras haces las primeras cosas en casa. Después, cuando la mayor se va al colegio, preparas a los dos pequeños y sales con ellos al mercado, a buscar lo que necesitas para preparar la comida. También compras flor de bissap para hacer zumos y venderlos en el puerto por la tarde.

La jornada te pasa volando; ir a por agua, cocinar, limpiar, hacer la colada, salir a tirar el agua sucia, preparar el carbón para planchar... a veces ni te da tiempo de ir a la clase de alfabetización del Centro Social. Sobre todo, si surge un imprevisto, como que uno de los pequeños se ponga enfermo y tengas que pasar la tarde en el Centro de salud, o si alguna vecina necesita tu ayuda. Te da pena cuando faltas a clase, porque después te cuesta más seguir el ritmo y te desanimas un poco. Aunque, la verdad, las demás también faltan mucho.


A última hora de la tarde vas al puerto a vender el zumo de bissap. Está, como siempre, lleno de gente. Unos esperando la llegada de los cayucos, otros vendiendo cosas: agua, cacahuetes, nuez de cola...los hay que hasta venden ropa y zapatillas de deporte. Tú te sientas y ofreces el zumo; según cuántas mujeres estén también vendiendo, ajustas el precio. Después compras un poco de pescado. El precio depende de cómo haya ido la pesca. Compras dorada, sardina, lo que tenga buena pinta y no esté caro. Por suerte, para cocinarlo con arroz y preparar un buen Thiebuyene, no te hace falta mucho.


Durante un tiempo trabajaste en la fumeries, limpiando el pescado ahumado y secado. Lo tuviste que dejar, porque trabajabas para unos burkinabis que pagaban muy poco y siempre tarde. Una vez te plantaste, con otras cuantas mujeres, para pedirles 75 CFA por cubo de pescado limpio, en vez de los 50 CFA que os pagaban; ese día os dieron lo que pedíais, pero a la mañana siguiente ya os habían sutituído por otras que aceptaban el primer precio.


Conoces a algunas mujeres que trabajan el pescado en sus propios hornos, han hecho un grupo de promoción femenina (GPF) y así tienen más poder. Tú perteneces al GPF de tu barrio, y todos los jueves os reunís para hacer las cuentas de la tontine.

Con todo esto, consigues ganar un dinerillo para ir tirando día a día.


Y cuáles son tus expectativas...?


Pues hubo un tiempo en que rezabas para que tu marido encontrase un trabajo. Ahora en cambio prefieres ser tú la que lleve el dinero a casa. Lo administras mejor, y a veces hasta consigues ahorrar para comprarte una tela bonita y hacer algo de ropa... Quieres ir siempre bien vestida y peinada, y los niños igual. Pero sobre todo, quieres que tus hijas tengan otra vida, que estudien y puedan encontrar un buen trabajo.

Y tú también quieres aprender, porque sabes que podrías hacer muchas cosas, eres fuerte y capaz. Piensas que un día tienes que pasar por el Centro Social de la mujer “Fuenlabrada”, dicen que tienen seminarios y talleres interesantes, aprenden a hacer jabones naturales, tintes y más cosas que después venden en conjunto. Ahora también hay varias mujeres en la obra, montan armaduras y fabrican bloques, y te han dicho que se están formando como albañiles...Si hicieses una formación y empezases a trabajar en los talleres, a lo mejor podrias inscribir a la pequeña en la guardería, y además tener para comprarle cuadernos para el colegio a la mayor, y podrías hacer media jornada antes de las clases de alfabetización, para no dejarlas, aunque entonces tendrías que pedirle a una vecina que cocinase para tu marido y tu hermano, y cuándo irías al mercado, además...


...Uy! De todas formas, eso tendrá que ser mañana, fíjate qué hora es ya! Dentro de poco tu marido vuelve de la partida de cartas en la plaza pública, y tú aún no has preparado el cous-cous para cenar...

Anda hija, ayúdame, ya harás los deberes del colegio en otro momento...!!!




2 comentarios:

Joal dijo...

María, he leído tu texto ya unas diez veces, todavía me dan escalofríos al poner rostro a las mujeres del relato. Da un beso muy fuerte a la pequeña Sophie Anne y su hermanito Jean Baptiste.

Pedro dijo...

Maria, pocas personas otorgan su carrera al servicio de la comunidad sobre todo en lugares inospitos o con grandes carencias si supieran el gran mundo de los profesionales lo grande de ofrecer esto. Dios te bendice